Hemos oído en muchas ocasiones, y en labios de colombófilos que se consideran prudentes, quejas porque las palomas deben soportar temperaturas frías que duran excesivamente, y relatos de los estropicios que un frío prolongado causa en lo que podemos llamar primeras crías; dichos estropicios hacen necesario que se proceda a una revisión de todos los programas, de todas las líneas que se habían trazado, ya que el mismo hace fallar todas las previsiones que se pudieran haber establecido.
Mr. Kilesse, ha dado su grito de alarma para cuando dichas circunstancias se produzcan.
De todas maneras no hay más remedio que luchar contra este fenómeno, y no olvidar que nosotros, los aficionados, debemos, en tales momentos ayudar a nuestras palomas, y procurar que no corran riesgos que se puedan evitar.
Debemos intentar el entender con la mayor claridad, las características del medio exterior, en el que nuestras palomas deberán evolucionar a todo lo largo de su línea de regreso.
Un medio cambiante, caprichoso, imprevisible que no somete a la paloma a un solo problema, sino a toda una serie de problemas para ella insoslayables y que debemos hacer lo que una gran mayoría de aficionados, que prefieren ignorarlos y dejar la solución de los mismos a lo que podríamos llamar buen criterio de la paloma; pero este desconocimiento no sirve para nada, ya que los mismos existen, se quieran ignorar o no, y que son en definitiva los que, en muchas ocasiones se imponen a las palomas.
Tenemos la obligación de conocerlos con la mayor exactitud posible, para intentar, con ella, evitar las graves consecuencias, que año tras año, tienen para nuestros palomares.
Es todo el historial de los programas de concurso.
Es todo el historial que debemos recabar de los “convoyeurs” y de los controles de las Federaciones, ya que los mismos deben existir.
En el medio fluctuante que representa la atmósfera, la paloma debe poderse adaptar de una manera inmediata a cada cambio que se produzca.
¿Y cuáles son los fenómenos que pueden producir dichos cambios en el ambiente, si no a cada momento, si un cierto número de veces en el curso de cada vuelo de retorno, que pueden ser cinco, diez o veinte veces? Y cada vez que uno de estos cambios se produzca la paloma debe modificar su tipo de vuelo, su acción, para adaptarse al mismo.
¿Y de que medios dispone para efectuar esta adaptación?
Solamente de los que la naturaleza a puesto a su disposición, y que puede modificar, según las necesidades del momento, hasta unos límites determinados.
Sus alas, su cola, sus patas y su cuello.
Conocemos el papel de péndulo de las patas y el cuello, no parece poderse modificar los mismos hasta el punto de que sean susceptibles de modificar su vuelo.
De la cola conocemos el papel estabilizador, de coordinador de los movimientos diversos que le facilitan la subida y la bajada, la facilidad que le da de aminorar su vuelo, de crear una superficie deslizante suplementaria, por su posibilidad de apertura en forma de abanico.
¿No es lógico el decir que es el ala, por la multiplicidad de sus movimientos, la que debe adaptarse a los problemas que se le presenten durante su vuelo?
¿Qué papel podemos asignar en este trabajo de adaptación frente a un cambio brusco de condiciones atmosféricas, a las características buscadas por los partidarios del standard, o sea, esternón, masa muscular, pectorales, riñones, etc.? Creo yo que nada en absoluto.
Y, ¿cuáles son los elementos modificadores del medio exterior?
1.- El deslizamiento con retraso sobre la rotación terrestre.
2.- Los vientos: su fuerza, sus direcciones.
3.- La temperatura que aumenta la fluidez del aire.
4.-. La presión barométrica que dificulta el vuelo y lo hace más penoso a medida que la misma disminuye.
¿Qué es lo que podemos hacer ante este cúmulo de circunstancias para ayudar a nuestras palomas?
Poca cosa, ya que no podemos impedir el que la tierra gire demasiado velozmente, ni influir en las vías caprichosas del viento, y nos vemos obligados a soportar las temperaturas que Febo quiera dispensarnos.
Lo que si podemos hacer es escoger cuidadosamente los lugares de suelta de nuestras palomas para evitarles el tener que remontarse sobre las montañas, zonas de bajas presiones, y tomar siempre las rutas del oeste con preferencia a todas las demás.
Viendo la gran cantidad de programas de sueltas que han llegado estos últimos tiempos a nuestras manos, he sacado la impresión de que las directivas de nuestras Sociedades no se han preocupado excesivamente sobre estas cuestiones, que no obstante tienen una gran importancia desde el punto de vista del equilibrio de probabilidades, particularmente en los Concursos Nacionales.
Mouillard, hablando de los planeadores escribía: “No hay vuelo sin viento, no hay vuelo sin velocidad”. Para el vuelo planeado, última forma del vuelo, estimaba que el vuelo era el resultado de la utilización del viento, y por consiguiente de su presión.
¿Significa esto que las aves remadoras no utilizan el viento?
Lo utilizan al máximo, pero este máximo no es suficiente para asegurarle un perfecto sostenimiento, debe producir ella misma un suplemento, un remolino de aire que le permitirá sustentarse y avanzar.
El viento desempeña pues su papel en el vuelo de retorno de nuestras palomas, y un papel tanto más importante cuando el mismo se presenta contrario, y la paloma no tiene más remedio que soportarlo y luchar contra él, toda vez que presenta dificultades en su marcha hacia la meta, o sea su palomar.
Nuestros concursos no son otra cosa que migraciones, si bien migraciones forzadas.
Entre la utilización del viento por el ave que vuela alrededor de su área habitual, y la que se ve obligada a tomar una ruta fijada, existe una enorme diferencia, y esta diferencia es la que a continuación voy a intentar subrayar.
La paloma soltada lejos de su palomar, no puede volverlo a encontrar sin la condición precisa de descubrir la línea exacta que debe seguir, no hay varias líneas que pueda seguir, sino solamente una, y para descubrirla se ve obligada a ponerse en unas condiciones muy especiales.
¿Cuáles son estas condiciones?
Debe hallarse bajo una tensión eléctrica de 25 a 30 mil voltios.
Según el ángulo que forma la dirección del viento con su ruta ideal, deberá, para ponerse en estas condiciones, volar a una altitud determinada y soportar los efectos, buenos o malos, de lo que suceda en esta altitud.
Y el problema es todavía más difícil, puesto que un fenómeno natural la obligará a luchar para poder seguir la línea que la llevará desde su punto de partida al de llegada.
Su ruta cambiará continuamente, ya que regularmente el punto que debe alcanzar se le desplaza continuamente con respecto a su primera posición.
En el momento de salida su meta es “A”.
Algunas horas después está en “A1”.
Pasan algunas horas más y está en “A2” y “A3”.
Estos datos son demostrativos de como el punto de llegada se le va desplazando a medida que transcurre el vuelo.
Un viento de pleno sobre el pico o sobre la cola, hacen que la paloma se vea obligada a modificar su ruta inicial.
Ahora bien, cojamos por ejemplo un viento que sopla del oeste.
Este viento empuja a la paloma hacia el este, pero como que no puede dejarse llevar más que lo necesario, toda vez que de lo contrario esto la apartaría por completo de su ruta, para mantenerse sobre su línea natural deberá dar cara al viento e inclinar automáticamente su dirección hacia el oeste.
La inclinación que tomará estará en relación con la fuerza del viento que pueda apartarla de su línea normal de vuelo.
Buscará el punto de equilibrio entre dos fuerzas opuestas.
Y el mismo caso se producirá si sopla viento del este.
Al final del recorrido, cuando la fatiga empieza a hacerse sentir, el ave se inclinará cada vez más cara al viento, ya que así su esfuerzo es menor y su sustentación más fácil.
Es por el motivo anteriormente expuesto que en muchos concursos de fondo y hasta de medio fondo, los aficionados ven regresar a sus palomas de direcciones que no son precisamente las más lógicas, teniendo en cuenta los puntos de suelta.
En toda clase de deportes se homologan los récords, pero en el nuestro es absolutamente imposible de hacerlo, toda vez que si podemos fijar con exactitud lo que han tardado nuestras palomas en su vuelo de regreso, desconocemos totalmente la realidad de la distancia que verdaderamente las mismas han recorrido.
Nuestros concursos serán siempre, por mucho que se pretenda lo contrario, cajas cerradas, que jamás nos permitirán juzgar con exactitud la capacidad deportiva de que pueden gozar nuestras palomas en lo que se refiere a la solución de los múltiples problemas que durante su vuelo de regreso se les presentan, y estos problemas lo único que les permite resolverlos es su golpe de ala, que les posibilita su adaptación inmediata a cada uno de ellos.
Y esta característica de adaptación, por mucho que busquemos, no la hallaremos más que en el ala de la paloma.
Yo esto lo veo con la mayor claridad y sencillez.

CHARLES VANDERSCHELDEN

Artículo publicado en la revista MENSAJERAS EN EL AZUL, correspondiente al número 94 de noviembre – diciembre de 1959.