“CONSANGUINIDAD”  – POR CHARLES VANDERSCHELDEN

Publicado en la revista “Mensajeras en el azul” en los números de Noviembre – Diciembre 1961, Enero 1962 y Marzo-Abril 1962.

 

Como ya en otras ocasiones se ha dicho esta palabra no es quizá la más apropiada, y puede prestarse a confusión, aunque consagrada por el uso, no por ello deja de ser una idea falsa, la de hacer creer que la sangre de un individuo desempeña un papel en la fijación de los caracteres propios a una especie, o a una variedad.

La quisieron hacer buena algunos que intentaron hacernos creer en las virtudes propias de sus palomas, o de una determinada raza, y aún aquí se empleaba una palabra cuyo significado no se ajustaba a la realidad, pues en realidad no hay más que una raza paloma, si bien hay variedades (palomas, tórtolas, etc.) y una serie de variaciones de estas sub-variedades, y entre las cuales se halla nuestra paloma mensajera.

Hablar de raza al hablar de nuestra paloma mensajera es una palabra fuera de lugar y que a nada corresponde.

Y a pesar de todo ello se continúan empleando tales palabras que no sirven más que para crear confusiones al pequeño aficionado.

Desde los tiempos heroicos en que se presenció la discusión en la plaza pública entre Gigot, consanguinista y Gits, anti-consanguinista, pocas veces más se había entablado discusión sobre tal cuestión, y en otra discusión que opuso a Blampain a Gits, fue Blampain el consanguinista el que se alzó ligeramente con la victoria.

Se ha continuado empleando tal palabra, pero hasta los últimos tiempos todos los cronistas colombófilos se han agrupado alrededor de la idea de las excelencias del cruce, fuera de cruces acertados no había salvación y ello se justificaba en términos tales como “lo que hay que hacer es aportar sangre nueva”; “existe nocividad en los apareamientos entre parientes”.

Ha sido preciso que en las colonias se hiciera resaltar que la fijación de los caracteres útiles y controlables llevaban inexorablemente hacia la cultura interior, para que todos volvieran sobre el asunto.

En cada periódico, o revista, aparecieron artículos comentando la cultura por dentro, ello bajo la firma de gente que daban a sus escritos un aspecto científico, y vimos nacer una literatura que cubriéndose con la palabra “consanguinidad”, entra en explicaciones, en algunas ocasiones bastante disparatadas; lean, si quieren, a continuación:

“Existe aún otra cosa, que siempre parece olvidar el aficionado que no logra poner sus palomas en forma, y es la siguiente: “las palomas procedentes de cruces se hallan en forma mucho antes que las palomas debilitadas por la consanguinidad, el cruce da vitalidad mientras que la consanguinidad produce debilitamiento”.

El autor, como pueden apreciar, está convencido de la nocividad del aparejamiento entre parientes, cercanos o más o menos alejados, pero cosa que no le impide por otra parte repetirnos a cada momento la palabra “raza”, es otro más que cree que ha creado una raza cruzando.

En colombofilia la más alta fantasía tiene una más fácil adopción que la lógica más sensata.

Otro autor nos decía:

“La cultura en líneas puras tiene por finalidad única la producción del material conveniente con vistas a cruces posteriores. Pero la cultura en raza con aves sin valor ni pedigrée conveniente es tan absurdo como la creencia en ciertas características externas para el descubrimiento de buenos productos”

Fíjense bien en lo anterior, habla de fijar caracteres para mezclarlos posteriormente con otros, no les parece que resulta un tanto extraño.

Se han escrito muchos artículos en los cuales se ha descrito de una manera minuciosa el ojo, el cuerpo, los músculos, los huevos, y la forma, la voluntad de regreso, etc.

Y todo esto para decirnos que no debemos fiar en las apariencias externas de una paloma para descubrir en ella una buena reproductora.

Tienen el sistema de afirmar, ello es muy sencillo, sin embargo la práctica nos ha demostrado, sin lugar a dudas, que muchos sujetos que no han sido capaces de obtener nada en los concursos, al estudiarlos se han revelado de “raza de clase”.

En mi opinión tal hecho no es cierto, la paloma que tiene cualidades y no las transmite, y aquella que transmite cualidades que ella no tiene, no existe. Por mi parte puedo afirmar que he efectuado la prueba desde el lado contrario de lo anterior, o sea la paloma transmitiendo cualidades que tiene, y comprobar que la que no las tiene no transmite nada, y siempre me ha dado un buen resultado, y añade el mismo autor:

“Y existe esta maravillosa cría basada en los tardíos de “buena raza” que ha hecho posible que nacieran de la misma grandes palomares, basados en esta “especulación”. Especulación que se centra, no sobre las excepcionales aptitudes de un “crack”, si no únicamente sobre la cualidad familiar, y en lo que se refiere concretamente a los tardíos sobre el valor de un retorno a los antepasados. Esta comprobación debe retener la atención del cultivador, si éste admite que el progreso capaz de hacer avanzar la cultura debe producirse a través de una explotación más sistemática de las leyes de la herencia”.

Una cosa contradice a la otra. El problema hereditario para el cultivador es la transmisión de caracteres bien definidos, pero no la puesta en práctica de una manera simple de las leyes de la herencia.

Todo para mi reside en la fijación de los puntos alares, y en esto sí que sé de que se trata, y donde quiero llegar.

Leemos en otro trabajo: “Decepciona el comprobar que en muchos casos no es el gran “crack” un buen productor de raza, si no su hermano o hermana, que en los concursos han resultado muy inferiores, y ya es gran éxito si descubrimos a dichos familiares del as buenas cualidades reproductoras, claro que lo anterior presenta un problema al colombófilo, y es que tanto el hermano como la hermana del as no legan más que cualidades ya fijadas de antemano, en cambio el “crack” de por sí posee algún nuevo factor, e incluso familiar, pero que sin embargo ningún dominante favorece su futura aparición, en dicho “crack” la casualidad ha jugado su papel, al igual que pudo haberlo hecho en anteriores generaciones”.

“El factor excepcional que determina un “crack” no ha logrado ser fijado, y los cruces a que pudo haber sido sometido no llevaban el factor semejante capaz de conseguir una fijación definitiva”.

Podríamos continuar, pero pasaremos a otras cuestiones.

Lo que si podemos afirmar es que esta pseudo-ciencia colombófila, no muy precisa,  y en ocasiones algo incomprensible, es algo que puede conducir a los que lo leen a un cierto desánimo y desorientación.

Decirle a la gente que debe forzosamente realizar consanguinidad con vistas a futuros cruzamientos, creo que no puede salir más que de personas que no quieren adaptarse a los descubrimientos científicos, y que por el contrario entiendo poder someter las leyes hereditarias a su propia concepción.

Decir que los consanguíneos se ponen en forma más difícilmente que los procedentes de cruces, como dijo Noel, es también algo fuerte, y se trata, en este caso también, de una especulación, que en  mi opinión, no descansa sobre ninguna base y sin que ello haya sido experimentado; de todos es conocido que Louis Beykens no llega a poner nunca sus palomas en lo que se llama forma.

Escribir que lo que debe buscarse es provocar sobre un individuo el retorno a las cualidades ancestrales de su raza tampoco me parece bien.

Hacer creer a un aficionado que no tiene que hacer otra cosa, sino comprar palomas de raza, unirlas a través de aparejamientos consanguíneos para que fatalmente uno u otro herede el total de las cualidades incluidas en su raza, es algo demasiado sencillo para ser cierto.

Lo interesante es que los lectores colombófilos leyeran todo cuanto aparece con respecto a esta cuestión, constaran los diversos puntos de vista y solamente así podrían hacerse una idea exacta de lo que hay de real sobre dicho importante punto.

Por mi parte tengo un gran interés en que esta cuestión de cultura por dentro sea bien comprendida por aquellos que me leen, me interesa que se adapten sanamente las leyes hereditarias a su cultura, no disfrazándolas, sino observándolas, sacando de ellas todas las indicaciones útiles posibles.

No se trata, repito, de cruces de razas, es una anomalía el juntar estas dos palabras hablando de colombofilia.

Todas nuestras palomas son derivadas de sub-variedades del Biset, se hallan pues todas ellas más o menos emparentadas las unas con las otras, por lo que creo que el problema de transportar cualidades de una raza sobre otra raza no existe.

Nos hallamos ante aves que llevan todas los mismos caracteres, pero poseyéndolas en un diferente estado de desarrollo.

Es pues de la variación de cada uno de los caracteres que dependerá la cualidad del individuo en vista de tal o cual utilización.

Para nosotros la utilización deportiva, el rendimiento deportivo, producir aves que puedan volar un poco más rápido que sus competidoras y que puedan aguantar en el aire más rato, o sea más resistentes a la fatiga, está condicionado por un esfuerzo menor, o una resistencia mejor, del músculo al envenenamiento producido por la fatiga.

Así planteado el problema es posible mirar la cuestión cultura y pisar sobre un terreno firme y sin desviaciones.

Lo que voy a decir a continuación quizás ya lo habré dicho bajo otra forma, pero no obstante no dudo en seguir el consejo del Dr. Vion, y renovar, bajo una forma más profunda, una primera exposición.

Existen en colombofilia dos escuelas, los “aptitudistas” y los partidarios de la “otra cosa”, estos últimos divididos en tantas sub-escuelas como individuos. No se hallan muy de acuerdo, ni sobre los caracteres a fijar, ni sobre la variación benéfica de otros caracteres, todos hacen entrar la cuestión músculos pectorales, dureza y forma del esqueleto en su concepción, fuera de esto debe buscarse, dice Landercy, la voluntad y el dominio del aficionado.

De Scheemacker, la garganta y la receptividad psíquica de la paloma.

Tricot, la raza, los antepasados y el empuje.

Meurotin, el empuje, es solo lo que cuenta.

Jean Aerts, para él es la inteligencia lo principal.

Para Petit, es el tomar una paloma en la mano, los músculos que vibren.

Por mi parte quisiera saber cómo pueden todos estos aficionados juzgar estos caracteres, no me lo explico.

Que cuando una paloma haya realizado una serie de proezas se diga que posee empuje, voluntad, que es inteligente, lo acepto, pero en cuanto al hecho de descubrir el por qué tienen esas cualidades, o que signos son los que hacen reconocerlas, no me lo sé explicar ni puedo darme respuesta alguna.

Y pregunto, ¿podría darme alguien una respuesta satisfactoria?.

Si completan su comprensión de la paloma con aquello clásico de los músculos pectorales y de los huesos, pueden sacarse tantas teorías como se quieran, y si habla de las funciones musculares y se atribuyen a los músculos pectorales un papel que en realidad no desempeñan ni tienen porqué desempeñar, llegando así a una falta de realidad sistemática sobre las conclusiones que el aficionado pudiera haber sacado de sus afirmaciones. Para el esqueleto del animal, y para comprobar su resistencia, se dan casos de apretar fuertemente sobre el lomo de la paloma hasta hacer flexionar la bóveda ósea, como si al deslizarse en el aire la paloma tuviera que sufrir tales presiones, creo que es otra tontería.

Algunos llegan incluso a decir que una horca abierta puede hacer posible que los intestinos vayan hacia atrás, y esto es pretender destruir las leyes mecánicas.

Y uno les saldrá con su forma de barco, el otro su forma en “V”, este desechará el esternón llano, el de más allá lo buscará, etc.

Creo que todas estas opiniones han terminado por alterar la facilidad de comprensión del aficionado.

La Cultura por dentro no es una panacea, como tampoco lo es el cruzamiento.

El aficionado que se sometiera a ello y lo convirtiera en su único sistema podría estar seguro de hallarse en un camino falso.

Su problema, lo he dicho y repetido ya en muchas ocasiones, es el darse cuenta de porqué tal paloma que posee, domina a las demás palomas, y si realmente aquélla es una paloma de gran clase debe comprender que su problema en Cultura es el reproducirla.

Pero es necesario que la observación de su paloma vaya dirigida sobre caracteres bien definidos y determinados, debe darse cuenta, debe ver el  por qué su paloma es mejor que las demás.

Y aquí debe escoger entre el “Método Alar” y los métodos “Otra cosa”.

Lo que interesa es que lo que pueda aportar la hembra sea una imagen de lo que aporte el macho, y si esta paloma es pariente más o menos próxima o no, creo que no debe preocuparle.

En un caso como en el otro, o sea pariente o no, con seguridad saldrán de la pareja productora una serie de palomas de valor, en las cuales la proporción jugará en favor de su aparejamiento por dentro.

¿Por qué? En el próximo número lo veremos.

CONCLUSIÓN

La variabilidad es lo propio de todos los productos nacidos de un elemento macho y un elemento hembra; es lo que se llama generación cruzada, y lo mismo da se trate de animales o de plantas.

En la naturaleza podemos hallar los casos que lo demuestran. El individuo se reproduce él mismo y permanece siempre parecido a sí mismo, y en el trasplante de algunas plantas, y en algunos animales inferiores, se produce la “partenogénesis”, es decir la reproducción de las especies que poseen sexo por huevos no fecundados, como en el caso de los rotíferos, las abejas y el pulgón del rosal.

Todos ustedes conocen casos diversos de esquejes, por lo cual no es necesario insistir. Algunas variedades de helechos dan plántulas fijas que no son otra cosa que esquejes, y no verdaderamente reproducciones patenofienéticas, un error que se cometió en su origen.

El vulgar cardillo, que tiene todas las apariencias de flor con sexo, es no obstante estéril.

Algunos de ustedes habrán oído hablar o se hallan al corriente de ellos, de los trabajos efectuados por M. Jean Rostand, que logró hacer salir pequeños de los huevos de hembras de zapos sin intercesión del macho, solamente pinchando los huevos con ayuda de una aguja microscópica.

Estas búsquedas efectuadas por los sabios encierran unas posibilidades de las que todavía no nos hemos dado perfecta cuenta, y que para nosotros no representan más que simples curiosidades.

Para nuestras palomas es preciso, para que la procreación se efectúe, que entre ellas existan las aportaciones del macho y de la hembra, y como la aportación de uno y otro no es siempre idéntica, registramos fatalmente toda una escala de variaciones que a veces tanto nos sorprenden que lleguen a sumirnos en un mar de confusiones.

Todos sabemos que si criamos jóvenes de lo que llamamos una pareja de reproductores no hallaremos dos absolutamente iguales.

La variación será tanto mayor en lo que se refiera a los productos cuanto mayores sean las diferencias entre los caracteres del macho y los de la hembra.

Y es debido al desconocimiento de este principio que nos hallamos ante tanta gente que habla de “cracks” reproductores, de “cracks” no reproductores, y de cualquier paloma destinada a la reproducción.

Creo que todo ello no son más que palabras, comprobaciones hechas quizá basándose en experimentos erróneos. Si se quiere ir al fondo de la cuestión, y llevar hacia adelante un verdadero control, se darán cuenta de que en mucho de lo que se dice no hay una base cierta.

Como ya he dicho en otras ocasiones, y creo vale la pena repetirlo, el cruce es sometido a la constante variación; la cultura por dentro, sin llegar a suprimir totalmente las variaciones que se puedan efectuar las reduce en gran manera.

Si poseen ustedes dos parejas de palomas de igual calidad (y por calidad entiendo la de los caracteres que se deseen fijar), siendo la primera el resultado de la unión de dos palomas de diferentes medios, y la otra el resultado de la unión de dos parientes, tendrán mucho más de no aprovechable en el primero de los casos que en el segundo de ellos.

Este es el principio de la base de toda cultura; y esto no vale lo mismo para cualquier carácter tanto físico como psíquico.

Cualquier cosa que sea lo que quieren fijar en la paloma, el principio es el mismo, y todo lo que les puedan decir en sentido contrario no hará otra cosa que embrollarles.

Prácticamente el aficionado se encontrará ante el primer caso, el de la pareja de reproductores cuyos elementos provienen de distintos medios.

Va, como les he dicho, a reproducir una serie de jóvenes distintos, y la reproducción tenderá al tipo medio de la variedad, o sea, por lo que nos concierne, marcará un retroceso neto sobre la calidad de los padres.

Pero, y es aquí donde debemos entenderlo completamente, esta variación deficitaria jugará en dos sentidos, y es muy posible el ver la aparición de 1 ó 2 jóvenes que sobrepasen la calidad de los padres.

Pero esto no se produce muy a menudo, y quizás ello hubiera podido estar en aquel par de huevos que hemos tirado, o en aquella pareja de jóvenes que hemos regalado.

Se ha hablado mucho de aquella famosa pareja formada por Cyrille Demil entre sus “Vieux Rouge Bievez” y la hembra “Bleue”, esta pareja ha sido citada en muchas ocasiones como un gran ejemplo, pero ¿saben Vds. la verdadera historia? … Es esta:

El primer año resultado totalmente nulo, ni un joven de valor.

El segundo año – un “crack”.

El tercer año – un “crack”.

El cuarto año – nada absolutamente.

El quinto año – un “crack”.

Y esto es todo, ya sé que para muchos esto será muy poco, pero para mí es mucho, ya que con ello Mr. Demil ha podido ocupar un lugar muy preferente durante largos años.

Vean como las cosas pueden ser cambiadas, en muchas ocasiones, por la habilidad del criador.

Si se tiene la suerte de poder sacar dos jóvenes, macho y hembra, que sobrepasen la calidad de los padres, se podrán fijar sus cualidades en una proporción mucho mayor, uniendo el padre con la hija, y la madre con el hijo.

Por otra parte el unir híbridos de calidad menor, tendrán oportunidades para conseguir jóvenes que reproduzcan las cualidades del “crack” que ha servido de base, de punto de partida.

Muchos se preguntan ¿y después? …

Y les contestamos ….. ¿después?, continuar.

Vuestras parejas seleccionadas volarán por lo menos 5 años y sus últimos jóvenes otros 5 años, tendréis 10 años ante vosotros … ¿no es esto bastante? …

Mientras tanto habréis aprendido muchas cosas, y si sabéis hacerlo nada os impedirá el mantener vuestra posición e incluso el mejorarla. Si en vez de empezar el trabajo con una pareja de las características que hemos dicho lo hacéis con dos, podréis aguantar quizás 20 años.

Si me han seguido bien, creo que habrán comprendido que al efectuar uniones entre palomas medias procedentes de medios diferentes puede llegar a darles una oportunidad, mientras que empeñarse en unir parientes de valor medio, es tiempo perdido.

Creo que no es correcto el querer hacer creer a los aficionados que la consanguinidad deberá forzosamente hacerles progresar, ya que esto induce a ciertos errores que cuando uno se da cuenta de ellos es ya demasiado tarde, y entonces ¿a quien acusarán?… No al que les aconsejó de una manera deficiente, sino a la misma consanguinidad, cuando ella en realidad no tiene la menor culpa.

Cuando hablamos de cruce, hablamos de variación.

Cuando decimos unión por dentro decimos fijación.

Todo se deriva de estas dos fórmulas.

A veces oímos frases tal como la que vamos a repetir que nos deja atónitos:

“Hacer consanguinidad con vistas a futuros cruces …”

Se dan cuenta de lo que tiene de ilógico e inverosímil …

Los que tales cosas dicen demuestran no tener la menor experiencia sobre los temas que tratan, y personalmente no han efectuado los experimentos que les aconsejan; lo que han leído, lo han leído mal, y han intentado adaptar las cosas a conceptos propios.

Y no deben olvidar que si mediante un cruce, hibridando, pueden, siguiendo el método Mendeliano, llegar a eliminar un determinado defecto, empleando la Cultura por dentro llegarán a fijar tanto las cualidades como los defectos.

Visiten en casa de Adelaire, y observarán dos defectos alares marcantes fijados, y en casa de Ducat podrán observar un defecto psíquico.

El verdadero trabajo del colombicultor exige pues una enorme atención y una gran severidad, pero recompensa con creces al que se entrega al mismo, pues llega a ser tan apasionante como el mismo concursar, sino lo es más en muchas ocasiones.

He tenido la oportunidad de visitar palomares la cultura de los cuales he dirigido más o menos, y entre los aficionados que me han acompañado en estas visitas siempre ha habido alguno que ha quedado sorprendido al observar la desaparición de palomas portadoras de unos caracteres determinados que hacen que sean desechadas generalmente al primer examen.

Ciertamente que la variación no ha desaparecido, pero ha sido muy aminorada en favor de los tipos que se van a buscar; y esto no lo hallarán nunca en los palomares donde la cultura no ha sido dirigida con vistas a la fijación de caracteres bien determinados.

La Cultura no podrá nunca ser realizada por aquellos que tienen mucha prisa; conocí a cierto aficionado que había operado de la siguiente manera: adquirió a Verhoye de Courtrai, toda una tanda de jóvenes, y durante varios años realizó lo mismo con jóvenes de Louis Boykens de Bornen; con tal sistema consiguió ser un gran campeón en su país y también fue campeón en Bruselas cuando se trasladó a dicha localidad.

El comprar lo hecho por los demás no es mal sistema para el que tiene muchas posibilidades, y es una manera elegante de colocarse en cabeza con las menores molestias posible; pero ha de saberse lo que se adquiere y hacerlo allí donde la Cultura por dentro ha sido llevada con el máximo rigor y sobre una base formal.

En esta clase de trabajo no se puede esperar conseguir lo que nos proponemos de hoy para mañana, y esto creo que lo comparten conmigo gente muy reflexiva, que han llegado a la conclusión de que éste es el buen camino, y son éstos los que mañana, entrenarán y aconsejarán a la masa de aficionados para que lleguen a formarse una idea lo más acertada posible de la cuestión.