Publicado en la revista “MENSAJERAS EN EL AZUL” nº 59 – Abril de 1956

CULTIVAR es fijar sobre un animal o una planta uno o varios caracteres que se escogen para la utilidad de aquellos. Cuando en Yorshire se aparejaron carneros de lana larga y lisa y carneros de lana corta y rizada se hizo con el fin de obtener carneros de lana larga y rizada que tenían un valor más elevado en el mercado. La aplicación de las leyes de Mendel permitió llegar en dos generaciones a ese resultado. Pero en seguida se planteó el problema de mantener esos caracteres en las generaciones siguientes, y para ello se tuvo que pasar por ese cultivo del cruce al procedimiento llamado consanguíneo.
Se han discutido mucho las cuestiones del cruce y de la consanguinidad en colombofilia. En tiempos de Félix Gigot existían dos escuelas que dividían los medios colombófilos. Gigot fue el propagandista de la consanguinidad y se mantuvo lógico consigo mismo, puesto que se había hecho en aquel tiempo el campeón de la raza.
Al contrario, Gits de Amberes, consideraba la consanguinidad como la peor de las plagas. Las cosas se envenenaron y se llegó incluso a las acusaciones y a las discusiones públicas, puesto que como siempre en lugar de ver la cosa en sí misma no se veía más que a los dos jefes de los grupos. Estos se obsequiaron recíprocamente con todos los epítetos posibles e imaginables. Como se ve nada cambia bajo el sol. De insulto en desprecio se llegó a luchar sobre un “Dax Nacional” para hacer triunfar la excelencia de un método sobre otro.
Gits se convirtió en campeón de sí mismo, y Gigot escogió como campeón a Blampain de Marchienne, de ilustre memoria.
Fué Blampain quien ganó la batalla, pero de tal forma, que la cuestión siguió permaneciendo para siempre sobre el tapete. Y de ahí que podamos preguntarnos siempre cual es el camino mejor. Todo el asunto se enfocaba a base de apreciaciones y sentimentalismos, sin llegar nunca a tratar la cuestión a fondo. Es cierto que en aquella época en que el empirismo estaba más en boga no era posible ver claro. Las cosas se han modificado desde el momento en que se han querido conocer las leyes que rigen la perpetuación de las especies; después de que se ha sabido que orientar un cultivo consiste en fijar sobre un mismo individuo los caracteres beneficiosos claramente desligados a parte de todos los otros caracteres propios de la especie.
A nosotros los colombófilos, nos queda ponernos de acuerdo acerca de cuáles sean esos caracteres beneficiosos. No parece que deba ser cosa de poco tiempo. Ello no tiene, por lo demás, más que una importancia relativa y no es necesario en absoluto convencer a la masa. Las ideas no influyen en la masa más que bajo la forma de dogmas y de doctrinas; solo los selectos buscan el fondo de las cuestiones, en tanto que su interés no se sitúe en frenar o contrarrestar.
Bajo el punto de vista humano somos enemigos de todo lo que represente una unión entre parientes próximos. Es una cuestión de doctrina y también de experiencia, pues la naturaleza elimina despiadadamente a los débiles y a los ineptos, al contrario del hombre, que busca por todos los medios que tiene a su alcance el poder salvar a los débiles. Es natural que así sea porque se trata de una afección que se comunica.
En la naturaleza todo es consanguíneo, todo procede del principio de la cultura pura. Si la práctica de la consanguinidad fuera tan nefasta como muchos piensan, no hay duda que los animales salvajes habrían desaparecido todos.
Leed los libros que tratan de las termitas, de las abejas, de las hormigas, etc. etc.; veréis que estos insectos han pasado miles de siglos sin cambiar (salvo la adaptación al medio) en consanguinidad pura.
Dos torcaces nacidas en el bosque salen del nido al mismo tiempo, no se separan y se aparejan juntamente. Sus hijos se juntan, y así lo van haciendo a través de los milenios. La eliminación es grande; la lucha por la alimentación, por el abrigo, la perpetuación de la especie, la adaptación al medio; los que quedan conservan la especie en toda su pureza manteniendo fijos netamente los caracteres de la misma.
Esto ilustra muy bien la frase de Galton: en cultura pura no hay selección durable. Lo que en lenguaje claro se dice que la variación genética no existe, que solo los phenotypos varían y por phenotypo ha de entenderse aquel que se desarrolla diferentemente según el alimento o según el medio diferente en que se halla.
En estado salvaje los pájaros y los animales se encuentran en el mismo medio, en las mismas condiciones de vida, y, por lo tanto, no hay variación.
Pero nosotros alimentamos a las palomas de manera distinta y las hacemos vivir en medios diferentes; es lógico, pues, que el phenotypo cambie.
Por lo que respecta a nuestras palomas, ¿debemos inspirarnos en estos principios o rechazarlos?.
Instintivamente el aficionado se opone a la idea de aparejar palomas de parentesco próximo. ¿Por qué?. Seguramente esto no es una cuestión de razonamiento o un juicio deducido de experiencias minuciosamente comprobadas.
Es una cuestión de sentimentalidad. Por lo tanto todo es consanguíneo en la naturaleza y todas las especies se perpetúan por vía de consanguinidad, desde la planta bisexual (auto-fecundación) hasta el más noble de los animales, pasando por los insectos, los reptiles y los peces.
La Biblia nos dice que nosotros descendemos en línea directa de este buenazo que fué Adán y de esta pícara Eva que nos hizo la trastada de morder la manzana.
Nosotros tenemos pocos ejemplos de una verdadera cultura consanguínea en colombofilia. Nuestros buenos cronistas, sin saber demasiado el porqué, han sido siempre los enemigos, y como es el periódico lo que forma la opinión, la unanimidad de propósito ha creado la unidad de conducta entre los colombófilos.
Si las historias de la raza de Gigot hubiesen sido otra cosa que historias romanceadas, nosotros hubiéramos podido tener ejemplos interesantes.
¡Ay! Estas gentes pretendían haber llegado a crear las razas en cruzamiento. Paradoja que el buen público traga sin turbarse. A nosotros nos han roto los tímpanos con las razas Wegge, Grooters, Hansenne y, enseguida después, Baclene, Bricoux, Duray, etc. etc.
Yo he conocido a un hombre que practica el aparejamiento entre hermano y hermana, y así lo hace y juega como vosotros no jugaréis jamás; es Florent Debacker, de Sulsique entonces, ahora de Quaremont.
Yo he conocido a un hombre que no ha introducido un solo sujeto extraño en su palomar desde hace cincuenta y dos años y que durante los mismos no ha conocido un año en que sus palomas no hayan competido como siempre.
Vosotros lo conoceréis lo mismo que yo; se trata de Luis Boeykens, de Bornem, que por esto, por haber hecho esto, lo considero muy por encima de todos los grandes cultivadores colombófilos. Yo me enteré muy tarde del trabajo de Didelot de Spa, quien durante treinta años cultivó sobre los mismos azules comprados en Colin de Hoigne. Toda la región de Spa está todavía impregnada de esta cultura de cruzamientos sucesivos que la destruyen de una manera cierta. Yo he conocido sujetos nacidos de apareamientos consanguíneos que resultaron lo que se ha venido en llamar los grandes cracks:
El negro Florent Debacker, hijo de hermano y hermana. El Pommelé de Omer, Dekeyser, salido del Reve con su madre. El Dokus de Remi Gadeyne, salido de hermano y hermana.
Si se hubiese realizado una seria encuesta se hubieran descubierto otros y se hubieran descubierto también aficionados que se han distinguido como consanguinistas convencidos sin decir nunca nada, sin que esto se conociera fuera de los alrededores. La cultura es una cuestión de caracteres. Os lo repito todavía.
Es necesario, pues, fijar los caracteres. ¿Cómo los fijará uno?, ¿Por el cruzamiento?, ¿Por la cultura pura?. Los sabios no hablan nunca de consanguinidad cuando discuten o aplican las leyes que rigen la herencia. El mote “consanguíneo” hace pensar en la parentela, en la transmisión por la sangre. La idea es falsa. Así se habla de culturas puras y no de culturas consanguíneas. Y uno debería escribir las dos frases precedentes como yo las he escrito: Cruzamiento. Cultura pura.
Esto tiene su importancia y evita falsas interpretaciones.
Cruzar es ensayar la manera de juntar dos caracteres diferentes. Diferentes uno del otro, alegados por dos individuos de cultura diferente. La fijación será difícil, la variación enorme.
Hacer la cultura pura es reunir los caracteres propios de la familia. La fijación se hará dentro de los límites restringidos que pueden evitar casi toda variación. No hay duda posible. No se pueden fijar los caracteres propios de una familia, si no es por la cultura pura. ¿La paloma en domesticidad puede soportar la dura escuela de la cultura pura sin daños, o, por lo menos, sin grandes daños?. La mayor parte dicen que no. Algunos han dicho que sí, pero no en el plan teórico, si no en el práctico. ¿Un consanguíneo llevando los caracteres deportivos buscados es menos apto que un cruzado, es decir, menos sólido fisiológicamente? Es esto lo que piensan la mayor parte. ¿Se equivocan o tienen razón? Intentaremos ver claro.